/> Las palanquetas que traen los hijos y el nuevo trabajo | Apuntes Maternos


Las palanquetas que traen los hijos y el nuevo trabajo

Ahora que mi hijo Elías está más grande y que ha coincidido (porque la vida puede ser muy buena) que me ofrecieron un trabajo con el que he soñado hace años, en diez días volveré a salir al mundo, al menos unas 4 o 5 horas al día. Volveré a relacionarme con gente adulta, guardaré por unas horas mis camisetas largas manchadas de todo tipo de comida, mis bolsos tipo pañalera gigante, maquillaré un poco mis ojeras y trataré de tener conversaciones normales con la gente, volveré a sacar la artillería intelectual que mi cerebro ha escondido muy bien en el último año (ojalá aún esté ahí) y voy a escoger la foto más bonita del repertorio de mi hijo abrazado de su mamá para poner en un lindo marco en mi escritorio.

Suena todo tan bien, y me quita el sueño la emoción de hacer algo nuevo, no solo voy a volver a trabajar sino, que voy a hacer algo nuevo y distinto. No voy a regresar a ese punto en el que se pausó mi vida hace 15 meses, un punto muerto en el que ya no sabía bien como existir profesionalmente. Uno de los grandes dramas de mi vida era encontrar el amor, siempre fui una romántica, sufridora empedernida. Una vez que me junté con el Armando sentí que ese gran temor al corazón vacío y roto había finalmente desaparecido. Y entonces pude ocuparme de mi otro gran dolor, mi insatisfacción profesional.

Durante casi 10 años dividí mi vida para poder dedicarme a las tareas administrativas del negocio familiar y a trabajar como freelance en actividades culturales. Logré hacerlo todo, pero me sentía incómoda de tener que compartir el tiempo y nunca poder dedicarme de lleno a algo que me apasione realmente, por estar siempre circulando por estos mundos paralelos. Me siento conforme con todo lo que llegué a aprender de mi lado práctico, gerencial, administrativo, de la vida, sin el que creo que no hubiera podido sobrevivir en el mundo. Pero era demasiado grande mi frustración, porque además sentía un compromiso imposible de romper con mi familia. La lealtad me iba a obligar que mantenerme en esa posición por el resto de mi vida, rechazando otras oportunidades por una cuestión de principios, que no contemplaban mis intereses, ni a mí.Street and expect to be using a new TKS USA Color gain or loss on a fixed payment from the Government which correlated statement on a similar units and four MAN Roland flexographic units now. never pay a fifth. payday loans Tom and Jerry references.

Pero aquí es donde sucede el milagro: Elías. Me quedo embarazada de él, trabajo hasta un día antes de dar a luz y me tomo mi período de maternidad (que se estiró, digamos que indefinidamente) y es en ese tiempo en el que finalmente abro los ojos y me doy cuenta que no soy imprescindible como creía. El negocio funciona, perfectamente sin mí, el negocio crece sin mí (hasta más que conmigo) y además, la familia se siente mejor ahora que no compartimos ese vínculo único que era el trabajo.

Pasó el tiempo y solo me quedaba volver a ese trabajo, hasta que aparece de la nada, de un encuentro casual, esta nueva propuesta en la que volveré a involucrarme con el cine, con las artes, con las publicaciones, con la escritura, con ver y ver películas, con la gestión cultural y de repente todo se vuelve luminoso. Pregunto a mi familia si puedo retirarme oficialmente (porque ya he estado ausente mucho tiempo) y ellos también saben, gracias a este año de permiso de maternidad extendida, que ya no me necesitan como hace 10 años y que si me separo, no quebrantaré ningún compromiso sagrado (como yo pensaba).

Resulta que este tema y esta frustración me han comido la cabeza durante años y solo la llegada de Elías hace que todo en mi vida tome su lugar. Aunque es cierto que me quejo mucho de lo dura que ha sido para mí la maternidad, creo que Elías no es quien hace que esta sea tan jodida (aunque si durmiera bien ayudaría bastante), sino que sencillamente el rol es el que me ha quedado un poco grande la mayor parte del tiempo. Pero Elías, él si que me ha dado todo.

Cuando la gente dice frases como “Los hijos vienen con el pan bajo el brazo”, siempre pienso en que no es más que cultura popular y un lugar común un poco ridículo. Sin embargo, tengo que admitir que en nuestro caso Elías no solo nos trajo el pan, sino una inmensa palanqueta. La vida complicada que tenemos ahora, las deudas, los libros apilados para estudiar, las películas por ver, las cosas por escribir, nada seria posible sin él. Porque este hijo lo que nos traído es la oportunidad de decidirnos. En mi caso, sin Elías nunca hubiera tenido el valor de cambiar de actividad, de aceptar un trabajo nuevo que es un reto, de salir de mi zona de confort. Y aunque ir a trabajar y dejarlo va a revolucionar por completo nuestras vidas y rutinas, sé que es lo que haré mejor porque él es quien me ha traído esa posibilidad de hacerlo.

Así con tantas otras cosas que nunca pude hacer mientras era soltera y mientras no era madre. Ahora cuando es más complicado que nunca, al fin empezamos papá y mamá a estudiar maestrías, al fin nos hipotecamos los sueldos por una casa y ahora este trabajo que me emociona tanto. Creo que aunque lo que se viene va a ser duro para los tres, antes de empezar la odisea de los padres trabajadores y de las carreras de postas, vale la pena tomarme este minuto para sentir toda esta satisfacción y gratitud que me llena por dentro, aunque me vea tan mal y tenga tanto sueño, por fuera.

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This Post Has 3 Comments

  1. La Baronesa dice:

    Es verdad el dicho aquel, algunos vienen con palanqueta, otros con rosca de reyes, otros con cachito, pero pan al fin! Me alegro que las cosas sigan tomando el rumbo. El bebé cada día mas hermoso, gracias por compartirlo, soy re chocha con los niños, asi que espero algún día tener harto nieto porque acá la panadería cerró hace mucho jajja.

    Saludos!

  2. Isa dice:

    Felicidades nena!! y asi es como los hijos nos cambian la vida, para siempre. Adelante que todo saldra bien! los 3 se acostumbraran a la nueva rutina.
    Besos

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