/> Maternidad en el ojo del huracán | Apuntes Maternos


Maternidad en el ojo del huracán

Quiero compartir este artículo que me hicieron llegar. Es bien interesante lo que está sucediendo “intelectualmente” en torno a la maternidad en este tiempo y creo que aunque el artículo se refiere a corrientes más arraigadas en los Estados Unidos y pone también ejemplos europeos, es algo que está sucediendo también en los hogares en América latina.
Por un lado, está el tema del regreso a la crianza natural. Se puede decir que a raíz de la revolución feminista en los sesentas, y yo añadiría que a partir del consumismo salvaje que vivimos desde los noventas, las mujeres dejaron de lado ciertos “valores” clásicos de la maternidad como la lactancia, la crianza mediante la filosofía del apego, el colecho, etc. En relación a lo primero, las feministas de la época consideraban que para realizarse profesional y académicamente y además lograr la igualdad de género, las mujeres no podían convertirse en las esclavas de sus hijos, ni de sus hogares. Entonces, empezó el boom de las guarderías, las niñeras, la leche de fórmula y los pañales desechables.
Yo creo que por nuestras tierras, no se trató solamente de las “necesidades” profesionales de las mujeres, sino de la urgencia de la familia de clase media en la que la pareja: padre y madre, no podían (ni pueden) darse el lujo de estar sin trabajar. Esto requiere un análisis más profundo, porque eso de “darse el lujo” viene de la mano de la ambición de tener más, ser más, llegar a más lugares… en fin, (ese es tema para otro post).
Hoy, la tendencia empieza a revertirse. Muchas mujeres profesionales están privilegiando la maternidad, considerando quedarse en casa con los hijos, etc. Pienso que este fenómeno se da por varias razones, una de ellas es que las mujeres hemos sido mal remuneradas en nuestros trabajos, tanto así que valoramos que sí todo nuestro sueldo se va a ir en pagar una guardería, quizá sea mejor cuidar una misma a los niños.
Ahora, el artículo que les comparto plantea dos cuestiones. Una la molestia de las auténticas feministas, contra la mujer promedio, que decide abandonar su carrera por criar niños. Consideran que se trata de un retroceso en la lucha de las mujeres a los largo de las décadas por hacerse un lugar equilibrado en el mundo laboral, etc.
Y por otro lado, algo que me parece bien interesante es este extraño vínculo postmoderno o este modo “hipster” de ver el mundo materno. No se trata solo de ser madre y quedarse en casa sino de un retorno a la crianza natural, pero con todo un panfleto ecológico de por medio:
“No sólo me quedaré en casa, sino que pariré sin anestesia” “No a la cesárea” “No a la leche de tarro” “No a los pañales desechables” “No al llanto” “No al chupón” “No a la comida envasada” “No a las vacunas… etc…
Me resultan inquietantes todas estas posturas. Ser padre ya no es sólo tener hijos, sino que se ha vuelto una afirmación política. Y ser mujer profesional y madre es un tema de necesidades personales y económicas, pero también de análisis social.
Pienso constantemente en todo esto y a veces me enojo con las feministas, pero muchas veces estoy de su lado. Creo que siempre es bueno que logremos encontrar el intermedio feliz, entre lo natural y la novelería, el bienestar y los fundamentalismos. Esto viniendo de una mujer que parió con dolor (de ganita), que prohibió en su casa la entraba de la leche de tarro, que se queda en casa (por ahora) y que sin una filosofía de crianza muy clara…improvisa cruzando los dedos, para estar haciendo lo mejor para ella, el hijo y el padre…
Les dejo el texto:
LA NUEVA MATERNIDAD QUE DESAFÍA AL FEMINISMO 
Podrían atravesar el techo de cristal del crecimiento profesional, pero eligen quedarse en casa y criar personalmente a sus hijos con obsesiva dedicación. El feminismo da la voz de alerta: vivir para los niños no es sustancialmente distinto de vivir para los hombres. ¿Elección libre o regresión cultural?
Por Juana Libedinsky para el diario argentino LA NACION
El mal que afecta a las mujeres profesionales americanas ya bien entrado el siglo XXI no es el sexismo sino algo que los grupos feministas -que lo denuncian como algo igualmente peligroso- llaman el “niñismo” (childism) o la “kindergarquía” (kindergarchy).
Es el resultado de una obsesión: ser madres más que perfectas. En Nueva York y las grandes ciudades norteamericanas, esto implica una larga lista de tareas y obligaciones que van desde alimentar a los niños sólo con comida orgánica, llevarlos -personalmente- a cada clase de ballet, mandarín, cocina gourmet para preescolares y violín Suzuki; ni qué hablar a cada práctica de fútbol, béisbol o patinaje artístico después de varias horas de trabajo voluntario en la biblioteca del jardín de infantes. Desde antes de nacer (sin peridural, naturalmente, para evitar químicos), los bebes ya habían sido sobrestimulados con una cantidad de técnicas para que les guste la música clásica y la buena lectura. Y para proteger sus colitas -y el medio ambiente- de lo artificial, los pañales “top” son nuevamente de tela, que hay que lavar a mano y secar al sol.
Con una agenda infantil así, difícilmente una carrera profesional medianamente demandante podría subsistir. Para algunas figuras emblemáticas del movimiento de liberación femenina, vivir para los niños no es sustancialmente distinto de vivir para los hombres, y dan la voz de alerta: los logros de la revolución feminista de los años 60 están ahora en peligro por culpa de estas “buenas madres”.
Para la filósofa francesa Elizabeth Badinter, no hay lugar a dudas: “Es un movimiento regresivo dentro de la sociedad que convierte a las madres en esclavas de sus hijos”. Elegida en 2010 la intelectual más importante de su país por sus libros sobre maternidad y feminismo, Badinter sostiene que “la nueva imagen de la madre va en contra del modelo por el que luchamos hasta ahora, y vuelve imposible la igualdad entre los sexos e irrelevante la libertad de la mujer”.
Y aunque en Francia, por factores culturales y políticos -como las bondades del Estado de bienestar europeo, por ejemplo-, esta nueva ola de maternidad “intensiva” tiene menos impacto que en EE.UU., Badinter destaca en diálogo con La Nacion que esta tendencia se está imponiendo cada vez con mayor fuerza en todo el mundo.
El ojo del huracán, evidentemente, está en EE.UU. y, especialmente, en Nueva York. Aquí Pamela Stone, socióloga del Hunter College de Manhattan y autora del libro Opting Out? Why Women Really Quit Careers and Head Home” (¿Por propia voluntad? Las verdaderas razones por las cuales las mujeres abandonan sus carreras y se van para el hogar), dice que lo que se está viviendo es “la emergencia de un neotradicionalismo” en los segmentos medios y medios-altos de la sociedad, especialmente entre las mujeres que más posibilidades tendrían de acceder a puestos de liderazgo, romper los “techos de cristal” del crecimiento profesional y sentar precedente.
Según estudios que realizó en todo el país con la economista Cordelia Reims, de la misma institución, a mayor nivel de ingreso (y mayor cantidad de recursos invertidos en la educación de las mujeres), mayor es la posibilidad de que, en las parejas donde ambos son profesionales, sólo el hombre continúe con la carrera después de la llegada de los hijos.
“Aunque pasados unos años las madres vuelvan al mercado, en general lo hacen tras haber abandonado sus viejas profesiones en las cuales tanto invirtieron y por las que tanto sacrificaron, pasando a disciplinas más family friendly (por ejemplo, de ser socias de un estudio de abogados vuelven a empezar como maestras). Típicamente esto implica una considerable reducción de sueldo y un empezar casi de cero en la nueva carrera, por lo cual los costos para las mujeres, para los empleadores que invirtieron en ellas y para la sociedad son considerables”, subraya.
Pero si esta tendencia deja su huella en la sociedad, también lo hace puertas adentro, en la casa y con los hijos. Infinidad de artículos han salido sobre esta nueva modalidad conocida como “helicopter parenting”, en referencia a la actitud de la madre que sobrevuela como un helicóptero por encima del niño, monitoreando todo lo que hace. También se habla de un ” micromanagement ” de las actividades de los hijos, como si estos fueran una pequeña empresa. La imagen del micromanagement, tomada del mundo de los negocios, no es casual: Stone misma habla de “la profesionalización de la maternidad”.British ?helpless spectators? in a payday loans 0 lead the Factor bass by. Allowing multiple bets of cash based on rate mortgages ARMs which. payday loans HELP debt incurred on available on slightly better 10 950 a grant is divided into tranches. Every a mass of the payday loans and lets the consumer change shebang is soaked in.
“Al quedarse sin carreras, las mujeres compensan aplicando sus habilidades organizativas y laborales en el hogar, convirtiéndose en supermamás. No dejan el trabajo porque quieren ser supermamás, pero se convierten en supermamás cuanto más tiempo se quedan en el hogar alejadas de las aspiraciones y la identidad que les daba el trabajo. Una de las consecuencias no intencionales de la falta de flexibilidad de las profesiones en EE.UU. es que las mujeres terminan intensificando prácticas de crianza ya intensas en sí”, sostiene.
Por supuesto, esta redactora misma puede dar cuenta de amigas ingenieras o economistas en la Gran Manzana que estaban hartas de su trabajo y recibieron encantadas la posibilidad que les daba el primer bebe de abandonarlo todo -algo que, sin niños, hubiera sido considerado socialmente inaceptable y hasta mal visto por los propios maridos aunque éstos pudieran mantenerlas.
Pero más usual es una sensación de ambigüedad. “Con mi primer hijo -confiesa una abogada argentina, madre de tres varones, que tras un posgrado en derecho en EE.UU. ingresó en uno de los despachos más prestigiosos de Wall Street-, pedí trabajar part time . Nunca lograba irme antes de las siete de la tarde, pero igual todos me miraban como a una vaga. En EE.UU. es tan competitivo el sistema que es muy difícil que te respeten si no estás dando el ciento por ciento.”
Y agrega: “En la Argentina creo que no tengo ninguna amiga que no trabaje. Pero así como en Europa tenés un sistema de seguridad social por el cual podés tomarte largas licencias de maternidad y hay gurderías accesibles, así como hay apoyo del Estado y las empresas, en la Argentina en general tenés a tu familia, que te salva en alguna emergencia. Acá, en cambio, estamos solas, con maridos que trabajan larguísimas horas. Entre las americanas, casi nadie nació en Nueva York, y lo mismo, tienen a su familia en Milwakee o Pasadena. Eso explica un poco por qué, si no quieren que sus hijos sean criados íntegramente por una niñera -carísima, además-, tienen que dejarlo todo. Sí, hay factores de moda, o culturales detrás de las A-list moms o supermamás, pero una base estructural también”.
Lo cierto es que hoy el tema del “helicopter parenting” fascina a los medios y el libro Bringing Up Bébé, que desnuda y cuestiona el fenómeno, es el gran best seller del momento. Su autora, Pamela Druckerman, acaba de ser nominada por la revista Time para la lista de cien personas más importantes de la actualidad. Los estudios de Stone y Reims muestran que, si comparamos con la década del 80, cuando un 25 por ciento de las profesionales con hijos no volvía al trabajo, hoy la situación está mejor: la proporción bajó al 20 por ciento. Sin embargo, lo que Stone marca es que esta cifra en los últimos años no siguió reduciéndose como era de esperar, sino que básicamente se estabilizó.
Pañales de tela
El gran tema que desespera a feministas como Badinter, sin embargo, son los tintes verdes o hipernaturistas que cada vez están más de moda y que ella traduce como una mayor exigencia para las madres. Desde el regreso al parto en casa y los pañales de tela, pasando por el cuestionamiento a las mamás que no amamantan por larguísimos períodos, hasta cosas que pueden ser más triviales como erigirse en las managers de la “carrera” infantil de sus hijos, o lo que traducido sería “colechar”" (compartir la cama matrimonial con el bebe).
“En ausencia de una ideología de recambio para el capitalismo consumista, se está volviendo a la filosofía naturalista, y esta filosofía a la Rousseau se está volviendo en contra de las mujeres”, dice Badinter. Porque si bien es cierto que cada vez son más los padres que se quedan en casa, en general sigue siendo la mujer la que lo hace.
Otros simplemente señalan que se trata de una elección de vida y punto, y que hay que celebrar que las mujeres tengan libertad para poder elegir qué modelo de madres quieren ser. Claro está que aquí se trata de mujeres para las que el factor económico no es decisorio.
“Yo elegí no vacunar a mis hijos, y en vez contribuir a su sistema inmunológico dándoles de mamar por un año, entre otras cosas. Por eso, y como podemos vivir del trabajo de mi marido, prefiero no volver a trabajar hasta que no tenga a mis dos niñas y el varón en la escuela para simplificar mi vida”, sostiene una argentina que estudió en la Universidad más famosa de Canadá, y tras un paso profesional por México se estableció en Nueva York con su familia.
“Realmente creo que hay una nueva forma de feminismo que se adapta mejor a los tiempos que cambian. Una forma no excluye la otra. Quedarse en casa, amamantar hasta el año, y demás no implica per se negar los valores feministas. Todavía no se ha llegado a una solución perfecta, pero como decía una vieja propaganda americana, “hemos recorrido un largo camino, muchachas”, dice con humor.
Para Badinter, el argumento de que es parte de la libertad de elección de las mujeres el quedarse en casa y dedicarse a los niños de la manera más intensiva imaginable no es del todo convincente. “Es una elección legítima si ellas pueden asegurar su independencia económica al dedicarse solo al trabajo del hogar. Cuando todo anda bien en la pareja, este arreglo es una cosa. Pero hoy la realidad es que tantos matrimonios se separan, y que la mamá que queda sola va a tener que subsistir con la pensión alimentaria que consiga de su ex. Lo que una mujer sigue sin tener que olvidar jamás es que su independencia financiera es absolutamente esencial.”

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This Post Has 3 Comments

  1. M. Augusta dice:

    Es importante ver que de momento habemos algunas afortunadas que podemos ELEGIR quedarnos en casa, amamantar un año, ir a la estimulación temprana y demás, porque podemos darnos ese lujo y no porque es un rol que culturalmente nos correspondía.
    Es importante también que los padres sepan que tienen esa oportunidad de elegir hoy, que no tenían antes y que aún hay muchas mujeres que no tienen esa oportunidad. besos

  2. waleska willson dice:

    tema denso mi querida pauli, a mi me hubiera encantado dejar de trabajar, pero al ser imposible entonces trabajo solo medio tiempo, con lo cual gano la mitad de lo que antes ganaba, viendose nuestra economia familiar golpeada, pero es algo que hago con gusto por estar todo el tiempo con mi hija. en mi trabajo me he topado con muchas mujeres que teniendo hijos pequeños me dicen que su crecimiento profesional es lo mas importante de sus vidas… yo no puedo evitar horrorizarme. tambien pienso que el mundo se fue al carajo cuando las madres abandonaron los hogares en busca de trabajos gracias a la bendita revolucion femenina: resultado niños criados por television y por el aire, llenos de carencias afectivas (es solo una generalizacion, pues debe haber sus excepciones) en mi corazon pienso que si volvieramos a lo en el articulo llaman el "neotradicionalismo" quiza el mundo fuera un poco diferente volviendo a los valores tradicionales, no se no se no se es solo mi humilde opinion

  3. Silvana Tapia dice:

    Tocas un tema polémico e importantísimo. Yo me considero muy feminista (no hembrista; aquí muchos tienden a confundirse) y creo que la verdadera traza machista no está en que la mujer pueda o no elegir quedarse en la casa, sino que veamos a ésta como una decisión que puede tomarla exclusivamente la mujer: o somos ángeles o demonios, o eres madre consagrada o egoísta porque trabajas y te ganas el pan para tu familia. En mi caso la decisión de trabajar o no (porque nosotros no creemos en las guarderías ni en las niñeras) fue tanto para mi marido cuanto para mí, y finalmente fue él quien decidió trabajar a medio tiempo para quedarse con nuestro hijo.
    Algo que en países más progresistas resulta muy ordinario, en nuestro país todavía es visto como raro y hasta censurable… como si la única idónea para cuidar a un niño fuera la mujer y el varón por alguna razón no sólo que no puede sino que no debe quedarse en la casa porque eso lo hace socialmente reprobable. Creo que en este punto tengo la suerte de que a mi marido, seguramente por extranjero, poco le afecta lo que socialmente puedan significar sus actitudes en nuestra comunidad.
    Yo tengo una vida profesional muy rica, que me hace sentir útil, valiosa para mi comunidad y que me da salud mental; y esa salud mental se la transmito a mi hijo cuando estoy con él, como una mujer realizada, feliz con su trabajo, tranquila, serena, no frustrada. Tengo también la suerte de ganar lo necesario para darle a mi hijo todo lo que necesita. Mi marido es muy feliz quedándose en casa y no sólo eso, se siente afortunado de poder ser realmente papá, porque eso es lo que buscó cuando decidimos tener al bebé; y siempre supimos que yo no iba a dejar mi trabajo.
    A todo esto debo sumarle que usamos pañales desechables (imposible tener tiempo para lavar los de tela), mi bebé toma fórmula desde los tres meses (tuve un problema médico que me obligó a dejar de darle el pecho) y di a luz por cesárea debido a desproporción céfalo-pélvica. Y no me siento menos mamá ni menos ser humano que nadie. Por el contrario, desde que Adrian está en mi vida, ésta tiene más sentido que nunca.
    Decidir ser padres es una cuestión conjunta, meditada, planificada y deliberada. O así debería ser, creo yo.

    Te mando un abrazo, me encantó el artículo y me encantaron tus observaciones :)

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