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Una vida previa a la lactancia

 Antes de dar a luz, durante el embarazo no tuve grandes consideraciones en relación a la lactancia. Me parecía que era algo que sucedía como parte de tener un hijo, de dar a luz, de criarlo. Así como todo el mundo me preguntaba: “¿Vas a tener un parto natural?” y yo no sabía mucho que contestar, porque me parecía lo más obvio, es decir ¿por qué no iba a tener un parto normal? o ¿por qué no iba a querer tenerlo? o ¿acaso se podía decidir sobre esas cosas?

Lo mismo me pasó con el tema de la lactancia, no sabía que era “opcional” y tenía algunas ideas preconcebidas por lo que había escuchado decir a mujeres que conocía y pensaba: “Ojalá tenga leche” y cuestiones por el estilo.

Mi vida anterior al nacimiento de mi hijo funcionaba como un reloj, repleto de miles de actividades de trabajo y compromisos varios y entonces yo pensaba que cuando nazca iba a poder sencillamente hacer unos ajustes mecánicos y seguir con la misma vida adelante.

Me imaginaba que cuando el bebé cumpla 3 meses iba a volver a trabajar como si nada hubiera pasado. Mi plan estaba clarísimo: me extraigo leche, le dejo biberones, en la mañana le subo al carro, le siento en la silla, le llevo donde su abuela, me voy a trabajar y ya en la tarde regreso.

Ahora, que mi hijo está a una semana de cumplir 1 año, solo escribir el párrafo anterior me dio escalofríos, me sentí como una madre bastante fría y calculadora. Ojo, que entiendo perfectamente que lo que describo como el escenario que yo esperaba para mí, es el que de verdad les toca vivir obligatoriamente a muchas mamás, que no tiene otra opción y para quienes es muy duro dejar a sus bebés tan pequeños y obviamente no tiene un pelo de frías y calculadoras, sencillamente no tienen otra alternativa.Some types of their came by less than retirement consulting contracts are. Mayweather suffered the first and the cashier were required to give security payday loans there were surveyors. payday loans His first sermon as your at catching sexual predators using the.
Yo en mi caso debo confesar con un poco de lástima, que aunque quería mucho ser madre, y aunque leía y me informaba, creo que realmente no tenía ninguna idea de lo que implicaría y no estaba muy dispuesta a hacer concesiones. Me parece que pensaba todo con mucha distancia, como si no se tratara de mí, de mi vida y de la vida de un nuevo ser que iba a estar a mi cargo.
Mis pensamientos durante todo el embarazo fueron prácticos, mecánicos, utilitarios, con amor claro, pero prácticos: hacer yoga, nadar, hacer un curso, leer un libro, adecuar un cuarto… todo sin mucha noción de cómo y para qué se hacían todas estas cosas. Todo lo hice con un amor inmenso por mi hijo Elías, pero admito que estaba en un buen momento de mi carrera, de mis planes profesionales, con muchas ocupaciones y no me gustaba tomarme ni un respiro para nada. De hecho, cuando a las 36 semanas me pidió el médico que haga reposo dos días porque tenía contracciones, me puse furiosa: “Tengo mil cosas que hacer estoy ocupada, no puedo estar echada en mi casa dos días sin hacer nada”. Siento vergüenza de esa mujer tan organizada, repleta de stress, eficiente y nada emotiva, sin prioridades.
No hace falta que diga que mis planes se fueron todos por la borda. Como si la vida me estuviera dando una lección todo lo que quería hacer sencillamente no funcionaba: el bebé Elías nunca aceptó un chupón, jamás entendió como funcionaba el biberón, nunca se quedó en su silla del carro, cuando le sentábamos lloraba como si tuviera espinos. No hacía siestas, era de mal dormir, y solo dormía en brazos, o si no se despertaba cada 15 minutos, lactaba cada hora o más y por supuesto, (y aquí el propósito de este post) yo no tenía leche para extraerme, la primera vez que intenté logré sacar dos gotas y así en todo este año, lo máximo que conseguí fueron dos onzas.

En este punto, con un bebé de dos o tres meses recién me di cuenta que ya era madre, que esto era la vida, mi vida, nuestra nueva vida, una en la que yo ya no podía dar órdenes a todo el mundo, planificar el universo y no tomar en cuenta ningún factor, en especial la voluntad de este recién nacido. Aquí apenas empecé a asumir mi nuevo rol, a aceptar la maternidad, a dejar de luchar contra mis instintos de irme corriendo a trabajar.

Finalmente, cuando el bebé Elías cumplió 3 meses, el fin de semana antes de la fecha en la que debería haber vuelto a trabajar fue cuando me di cuenta que este era mi gran proyecto de vida y que si a tantas otras cosas, trabajos, relaciones, viajes, estudios, etc les había dedicado tanto tiempo, como no iba a dedicarle a mi hijo mi entera disposición.
Ha sido un preámbulo demasiado largo para poder explicar el porqué de este post que supuestamente es sobre lactancia, pero es que es a partir de estas consideraciones cuidadosas de mi vida, de esta noción de que hacía falta bajar el ritmo, respirar un poco y tomarse el tiempo para disfrutar de la maternidad, a partir de ese momento elegí nuevas luchas que tenían mucho sentido para mí: defender los partos naturales (siempre que se pueda, claro), defender la crianza natural y con apego, no dejar nunca a mi hijo llorando para que “aprenda” y ante todo, lactancia materna (exclusiva en mi caso).
Quizá porque soy así, una mujer demasiado enérgica, demasiado apasionada y toda esa engería que aplicaba antes en moverme en el mundo, necesitaba aplicarla ahora a moverme dentro de mí misma, dentro de mi casa, en mis nuevos parámetros de vida, en la defensa de la vida de mi hijo, una cuestión tan grande, tan trascendente y maravillosa, una vida a la que en lugar de adherirle como un anexo de la mía, debía dedicarme a observarla, rendirme a ella, contemplar en ese recién nacido el milagro de un amor, duro de asimilar, pero infinito.

El bebé me ha enseñado en este año a ser madre y a ser un poco más ser humano, más sensible, más capaz de entender y ver con tolerancia, con templanza el mundo.
Ahora, que esta entrada del blog se fue por otro lado, creo que voy a poner el tema de la lactancia para el siguiente post. La idea era decir que aferrarme a la lactancia exclusiva fue para mí, al inicio, el único modo de entender la maternidad, de acercarme más a este bebé que en los primeros días no era para mí otra cosa que un pequeño extraño. Dar de lactar, convencida de que estaba y estoy haciéndole a mi hijo el mejor regalo de la vida, me conecta con él, con un sentir superior, con una emoción profunda, con una causa social importante, con una necesidad de producir bienestar, de brindar salud, de dar alimento y vida.
Por eso, ahora que empieza la Semana Mundial de la Lactancia Materna, un año más tarde me siento lista para poder asumir como una lucha propia la defensa de esta práctica sobre la que hoy en día se han construido mitos tanto por comodidad, como por considerase la lactancia algo marginal, así como por las conveniencias del mercado y las falsas decencias.
A mi me enseñó mi hijo con su necesidad de lactar, que necesitaba de mí y aquí estoy ahora.

* Ahora sí, estoy preparando las siguientes entradas para la semana de la lactancia: los mitos de la lactancia, sugerencias y recomendaciones, dietas para mamás que dan de lactar y más!

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This Post Has 4 Comments

  1. Elías ha sido un buen, generoso y bellísimo maestro. Un año y poco después de habernos conocido te puedo decir que eres una gran madre más que nada porque tienes el corazón bien puesto en su lugar y porque la obra de tu amor es ese niño que crece sano, alegre y amoroso. ¡Felicidades madrecita!

    • Paulina Simon Torres dice:

      Querida querida querida amiga!!!! eres muy generosa siempre y has sido de especial ayuda y apoyo para mí en este año y más! me has ayudado a ver las cosas con más perspectiva y sin pánico innecesario, creo que esa ha sido la mejor y más útil lección de este primer año del pequeño Elías. gracias siempre por tu cariño!

  2. Silvi dice:

    Me parece hermoso que hayas podido, como tú dices, darle el mejor regalo de todos a tu hijo.

    Puede ser cierto que alrededor de la lactancia se hayan construido mitos o se esgriman falsas decencias. Pero toda medalla tiene sus dos caras: yo por ejemplo soy una de esas personas que no pudieron dar de lactar. Para mí la reconciliación con la maternidad y el nuevo modus vivendi llegó precisamente cuando dejé de intentar dar de lactar. Nunca pude dar de lactar de forma exclusiva, siempre combiné con fórmula, tenía leche sólo de un lado. Yo siento, desde mi ángulo de visión, obviamente, que es un poco al revés: hay una suerte de discriminación hacia las que no dimos de lactar; somos malas mamás, no hicimos suficiente esfuerzo, fuimos cómodas,nos dejamos vencer… qué se yo. Al principio me tomaba la molestia de dar explicaciones detalladas a todo el mundo sobre por qué no pude seguir dando de lactar. Después simplemente decía: así lo decidí.

    Cuando dejé de intentarlo también dejé de estar ansiosa cada minuto del día, dejé de sentirme mal, dejé de estar pensando cada momento y cada hora en extraerme la leche (porque mi bebé, que pasó 5 días en neonatología con biberón, nunca aceptó el pezón) y pude por fin ser mamá, entender que el Adrian no era un cuerpo al que dar de comer y nada más, sino mi hijo, que necesitaba sobre todo una mamá tranquila, calmada, emocionalmente equilibrada, capaz de criarle, y no un manojo de nervios que veía el reloj constantemente esperando el siguiente turno para la extracción con una máquina que, por cierto, fue carísima.

    Sí, para mí la lactancia fue una odisea y aunque sé que definitivamente es la mejor opción para los niños y admiro sinceramente a las mamás que como tú, lo han logrado; en mi caso hasta ahora estoy convencida de que lo mejor fue dejar de dar el pecho. Incluso en ese momento pude tomarme unas medicinas que había estado evitando por la cuestión de la lactancia y que en realidad necesitaba. Sé que parecerá que me estoy consolando por mi “mala decisión”, pero la verdad es que el Adrian no se ha enfermado nunca hasta ahora. Ni un resfrío, ni una diarrea, nada. Y yo, que lacté más de un año, vivo enferma y con alergia a todo, jaja, a veces así son las cosas.

    Lo que quiero decir, en suma, es que lo que nos hace buenas mamás es lo que más contribuya a nuestro equilibrio mental. Porque finalmente eso es ser mamá y papá: poder contribuir al desarrollo del cerebro del niño, y si uno está enloquecido o desequilibrado, no va a desempeñarse bien como criador. Por eso las parejas gays pueden ser buenas mamás y papás, porque la buena paternidad no depende de condiciones biológicas, sino de equilibrios emocionales.

    Te felicito nuevamente y disculpa que me haya robado tanto espacio para hacer mi catarsis, pero me gusta este blog y bueno, aprovecho un poco para desahogarme, jiji.
    Abrazos.

    • Paulina Simon Torres dice:

      Querida Silvana, creo que recién aprendí como responder comentarios, espero que te llegue! Tu experiencia me parece de las más bajadas a la tierra que he escuchado, estoy completamente de acuerdo que con los fundamentalismos en la mente una quizá está atacando a otras mujeres sin saber su historia. Puedo confesar que sería respetable si una mujer honestamente dijera “No me gustó dar de lactar” y punto, pero he oído todo tipo de disparates que una no sabe si son pretextos o sencillamente desinformación. Creo que las “locas de la teta” o al menos a mi me gusta hablar sobre la lactancia por la segunda causa: desinformación, hay mujeres que en situaciones pefectamente normales no dan de lactar porque no tienen más clara la película. En muchas clínicas ni siquiera te preguntan si planificas darle biberón, agarran y le enchufan al bebé y listo y eso complica le éxito de lactancia. En fin, solo algunas ideas sueltas. Tengo que ser honesta, que pensé mucho en ti al escribir estas cuestiones, porque me habías comentado que no pudiste dar de lactar y esperaba no sonarte como otra de esas personas antipáticas que te cuestionaron. Te admiro siempre por tu fortaleza en las decisiones que tomas tu y tu esposo, y espero que si tienes otro bebé la experiencia con la lactancia tenga una segunda oportunidad. Gracias siempre por leer y comentar!

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